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Guillermo Grebe / Director Colegio de Publicistas de Chile

En el proceso creativo existe siempre un espacio vacío que se caracteriza por la duda legítima de saber cuando y como se finaliza el objeto creado. Corre para toda actividad humana destinada a romper lo conocido, lo que se sabe de antemano.

Finalmente emprender lo nuevo es un viaje cuyo retorno al punto cero es imposible, nada es como antes del acto de la observación, la reflexión el procesamiento para luego sellar todo con una acción cuya forma se valore en cuanto resulta ser  lo deseado.

Lo que nos envuelve hoy, siento, tiene mucho de este espacio vacío. Una suerte de rueda chueca que no va ni viene, simplemente retorna a su eje y se queda quieta, no avanza. El camino que hemos recorrido hasta el 18 de octubre de 2019 se desorientó en una detención donde la conciencia fue más poderosa que la costumbre.

Por suerte que fue así.

La máquina del tiempo se detuvo, y nosotros con ella.

En ese vacío entonces es aconsejable detener esa máquina a estas alturas hueca y ridícula  para preguntarse ¿que sentido tiene el trabajo de crear algo cuando el sentido se ha retorcido hacia otra parte que no sabemos? , ¿Cuánto de creación quedará por realizar que pueda ubicarse de manera relevante para ser empática con el espíritu de esta época?, ¿Cuál es el lenguaje que hay que usar para ir de la mano con lo que hay que decir, a quien y cómo decirlo?.

Las respuestas a estas preguntas van a fluir en cuanto seamos consientes de que somos parte del río que fluye en la desconfianza, el temor, las deudas, la cesantía, la injusticia, la incertidumbre. Sin embargo lo que hay frente a nuestro vacío es sólo oportunidad en el cambio. La pega ahora es saber leer ese cambio en tiempo presente y no desde las teoría o ideologías que nos enmarcan como seres determinados y determinantes.

Para mi modo de ver esto, la oportunidad que tenemos como profesionales de las comunicaciones es que hoy más que nunca lo que hagamos y digamos tiene que abrir espacios coherentes y consecuentes con las verdades expuestas, con los sentires reales y con saber matar las dictaduras de los estereotipos y las fórmulas del éxito aprendidas en las escuelas que estimulan la idea que el desarrollo va de la mano de la competencia.

Este es el tiempo de escuchar, de aprender, de hacer calle, de hablar, de observar, de navegar en las diversas y complejas realidades que se exponen antes de crear algo que tenga sentido no solo para quien lo crea sino que para quien lo recibe.

Hoy el momento es sin slogan. El logo de aquello que conocíamos se escondió en el bosque, en la montaña, en el desierto y en el mar y se lo llevó la gente para recrear un país.